lunes 21 de noviembre de 2011

Importancia nula

-... en fin, nada de lo que diga importa, solo recuerdo que:

1

-Sólo platicábamos, entre pasaje y pasaje. Ésos eran los domingos por la noche, esperar a que fuera por mí a la casa; bueno, a la esquina de la casa. Esperaba a que me mandara un mensaje para salir a la esquina de mi casa a que llegara en el taxi, me subía y recorríamos la ciudad... sólo platicábamos cuando dejaba a alguien, así, de 6 a 11, así, todos los domingos.

-Y, aún así, me excitaba exactamente lo mismo que a él: Que los demás me desearan, que tuviese 2 o 3 cam´s, o, al menos una para que alguien me viera mientras me masturbo... Tengo una relación aburrida con él, ya no me interesa, creo. Aunque, lo que sí me gusta es su cuerpo... cogemos muy bien, tiene una verga muy grande y, sí, ahí la pasamos muy bien, pero empiezo a no soportarlo.

-¿Yo?... no, yo no tengo nada que contar, simplemente escucho.

2

-Estoy esperando el camión, son las 8 de la noche, la luna está menguando y quiero llegar pronto a mi casa. De pronto la vi, sentada en una banca frente a la parada. Tiene 45 años al menos y está vestida como suelen hacerlo las personas normales en un domingo cualquiera. Tiene el celular en su mano, levanta la cara cada 10 segundos, de pronto, un auto blanco da vuelta en la calle que rodea el pequeño parque donde se encuentra, ella grita:

-¡Aquí estoy!

El auto sigue unos cuantos metros y se estaciona, ella aguarda, tal vez piensa que el auto se parará justo frente a ella, es más, tal vez piensa que el conductor le abrirá la puerta para que ella suba, pero, decide ir y subirse por su propia cuenta al auto. Regresó a los 15 minutos, se volvió a sentar en su silla y al cabo de un cuarto de hora, llegó otro auto y se repitió la escena.
El autobús que me deja justo en la puerta de mi casa, llegó, hice la parada, me subí, pagué mi boleto y ésto fue lo que pude recuperar estando sentada en la primera fila de asientos de la izquierda, justo el que está detrás del chofer:

-¿Qué?, ¿tienes calor?
-Sí.
-Abre la ventana.
-¿Ya ves cómo eres?
...
Pos ya ves, ese chofer idiota, parece que trae bueyes.
-Ja, ja, ja.
-Ya ves, dice que eres un buey.
-¿Dice?
-Ah no, yo dije.
-¿No que no?
...
¿Quién es?
-Es ese.
-¿El que va en la moto?
-Sí, me habló porque quiere unas cositas.
-¿Ah, sí? y ¿en cuánto salen?
-Mil pesos.
-Pues ¿qué cositas tienes?
-Unas...
¿No adivinas para qué me habló?
-¿Por?
-Por esto... es su ropa.
-¿Tanto así?
-¿Por qué crees que me habló cuando pasaste?
-...
¿Tons qué? ¿vas a venir?
-¡No!, ¿cómo crees?, me vas a dejar abandonada.
-¿Ya ves como eres?
-Vas a dejar a la chiquitita en el bosque...
-¡Oh! ¿ya ves?
-... es que está sentido por lo del Rafa...
-¡Ah! Cómo no, si a mí también me pegó...
-Míralo, pobrecito... ¿a poco te dolió?

Eso fue todo, bajé del camión y comenzó otra discusión, estaban coqueteándose a lo burdo, pero con claves. Llegué a la casa, sola. Enciendo las luces, dejo mi bolsa y enciendo un cigarro ahí me di cuenta que no traía mi celular.
Marco desde la casa a mi número y nadie contesta, de pronto devuelven la llamada. Voz de mujer, que dice que quiere devolverme el teléfono, me pide la dirección, se la doy, le pregunto en qué viene, ella responde que en un taxi, le pido el número del taxi para tener la seguridad de que no se trata de una broma y, para estar al pendiente de su llegada desde mi ventana,

-Unidad 5430.

anoto el número en un volante, en... el volante de su consultorio precisamente, me paro en la ventana, apago mi cigarro.
Espero.

-Se acabó el tiempo.
-¿Nos vemos la siguiente semana?
-Misma hora.
-Espero que no los mismos problemas.

3

-¿Qué es lo que quieres que haga? Pídelo, ¡pídemelo! ¡¿qué hacemos?! ¡¿qué hago?!
-Nada y por favor, deja de gritar.
-¿Qué es lo que necesitas? ¿qué es lo que no te gusta?
-Justo ésto... estoy harta de estas escenitas.
-Pero, no lo entiendo.
-...
-Dime, dime lo que quieres
-...
-¡Dímelo!
-No soporto tus fracasos, eso es lo que pasa, no aguanto que no tengas vida, que dependas tanto de mi hasta para ser feliz.
-No entiendo el amor de otra manera, me preocupo por ti, te necesito.
-¡Cállate! sabes que no soporto que me trates como una niña, no necesito que me cuides, no necesito que te preocupes por mí, ¡entiende! Necesito a alguien que esté a lado mío, solo eso.
-...
Está bien, entiendo, voy a dejarte sola para que pienses mejor.
-Quiero que te vayas de la casa.
-Regreso en una hora.
-Quiero que te vayas...
-Regreso en una hora.

4

-Hola.
-Hola.
-Pues, aquí estoy... Cuando te subiste al camión se te cayó el celular, me crucé la calle y lo recogí.
-Gracias, no me di cuenta, bueno me di cuenta hasta que llegué a la casa.
-Disculpa que haya revisado tus contactos, pero es que quería ver si tenías un número de tu casa, o algo...
-Está bien, de verdad, gracias.
-Bueno, entonces, eso es todo.
-Eh, creo que sí...
-...
-¿Quieres dinero para el taxi?
-Ah, está bien, no te preocupes.
-No, de verdad, ten.
-Gracias.
-Entonces... ¿quieres tomar un café?
-Me encantaría.
-Adelante.
-Linda tu casa.
-Ah, sí.
-¿A qué te dedicas?
-Escribo.
-¿Qué escribes?
-Pues, en realidad, ahora nada, trabajo en un periódico y hago la corrección de estilo.
-No sé lo que es eso.
-Corrijo lo que los demás escriben.
-Ah.
-¿Cuántas de azúcar?
-Dos por favor.
-Y tú, ¿a qué te dedicas?
-Pues, yo, me subo a coches, se la mamo al conductor y me vuelvo a sentar en la banca donde estaba cuando te vi.
-Ja, ja...
-...
-¿En serio?
-Sí.
-...
-Y, ¿te va bien?
-Pues, no me quejo.
-¿Cuánto ganas por...
-¿Mamársela a alguien?
-Sí.
-Como 200 pesos.
-Y ¿cuántas veces lo haces por día?
-Como unas cinco, todo depende, hay días buenos y días malos.
-Pues es mucho más de lo que yo gano.
-¿Cuánto ganas tú?
-Muy poco.
-Pero lo que haces es...
-Es nada, es una corrección, nada más.
-Trabajas en un periódico.
-Pues sí, pero no escribo las notas, solo arreglo lo que otros no saben o pueden hacer, lo cual se me hace una estupidez, deberían saber escribir al menos.
-Creo que me voy.
-Está bien.
-Gracias por el café.
-Gracias por el celular.
-Sé que, bueno, tal vez no lo necesites pero... anoté mi número en tu teléfono, espero que algún día nos tomemos algo o nos veamos para platicar.
-Me parece bien, yo te hablo.
-Adiós.
-Cuídate.

5

-... Le pedí que se fuera de la casa.
-¿Cómo lo tomó?
-¿Tomar? No me escuchó siquiera, me dijo "regreso en una hora" y a la hora regresó.
-¿Y?
-Sus cosas estaban ya en la entrada.
-¿Sacaste sus cosas?
-No las saqué de la casa, solo las puse en la entrada.
-¿Qué hizo?
-Nada, más bien, no dijo nada, se puso, en silencio (por fin) a acomodar sus cosas, de hecho ya traía cajas de cartón que por cierto se las vendió el señor de la tienda.
-¿El chisomoso?
-Sí, el chismoso. Hoy que fui a la tienda me dijo "Señorita, ¿ya se van a mudar?" "No... me da un litro de leche por favor y café de grano... ¿por qué lo dice?" "Porque ayer vino el muchacho a comprarme cajas de cartón." "Ah." "Entonces ¿no se van?" "Él se va señor. ¿Cuánto es?".
Quiso seguir hablando y yo simplemente le pagué y le dije "Buen día" y me fui.
-Pinche chismoso.
-Sí, ya sé, por cierto ¿sabes que su esposa está enferma?
-No, ¿qué tiene?
-Cáncer.
-Uy que mal, ¿quién te dijo?
-La vecina.
-¿La doña o la...?
-La doña.
-Pues ni modo.
-Sí, es triste, ver como alguien que siempre te atiende se va a morir.
-Pero bueno, ¿está en tratamiento?
-Pues creo que sí.
-Oye, volviendo al tema, ¿qué pasó después?
-Nos peleamos.
-¿Por?
-Pues porque se quería llevar la cafetera que me regaló.
-¡Qué cabrón!
-Su explicación fue porque el café me hace daño y además, la cafetera es mi objeto. Yo le dije "¡No mames! los regalos no se piden de vuelta, no te la vas a llevar. ¡No me hizo caso, la empacó y se la llevó.
-¿A dónde se fue?
-No sé, supongo que con su familia, la verdad es que ni quise investigar.
-¿Cómo te sientes?
-Bien, me siento libre, me he quitado un peso de encima.
-Salud por eso.
-Salud.
-...¿En dónde viven sus papás?
-No me chingues.
-Tranquila...
-No, nada de "tranquila", no me chingues, no quiero que hables con él.
-Yo nada más preguntaba.
-Como si no te conociera, quieres que te diga para que vayas a sacar el chisme.
-Creo que ha de estar de la chingada.
-¡Pues muy su pedo!
-Está solo.
-¡Hay pobrecito! ¡Está solito! ¡Hay que ir a rescatarlo! Por eso justamente lo mandé a la verga, por chillón.
-No le digas así.
-¡¿Qué?! ¿quieres ir a consolarlo?
-Ya, ya, cambiemos de tema.
-No mames, en serio, no mames.
-Ya, ¿quieres otra?
-Por favor.

6

-Mismo lugar, la parada de autobús, ahora ya no tengo nada por lo cual renegar en el trayecto de llegar a mi casa... ya no hay nadie con quien pelear, ya no hay nadie de quien deshacerse.
No he vuelto a saber nada de él, creo que sí me tomó la palabra... se fue.
Siento un vacío, un vacío total, no comprendo por qué me siento así, tal vez, la inercia, el cotidiano y descubrirlo como persona y no aceptarlo tal cual.
Sigo enojada, se me hace injusto que las cosas hayan cambiado, o que no me haya dado cuenta de que eran así desde el principio. Nos hicimos mucho daño, me siento traicionada, traicionada de lo que consideré... lo consideré de la forma en que yo quería verlo, no me atreví a aceptarlo... es que era insoportable para mí tanta atención, me asfixiaba.
Recuerdo que era la mujer más feliz cuando no estaba en casa, cuando tenía unas cuantas horas para mí sin que me estuviera viendo... todo lo que quería era mi espacio, supongo que ahora es lo que tengo, pero, no me siento bien.
Creo que... tengo que hacer algo interesante con mi vida.
...
No sé...
-Tal vez podrías hacer algo que siempre has querido hacer.
-Sí...
-Piénsalo, por cierto, la siguiente sesión se cancela, salgo de vacaciones.
-¿Ah sí?
-Sí, entonces nos vemos hasta la siguiente.
-Espero, o tal vez ya no vuelva...
Por aquello del cambio de vida.
-Buena tarde.

7

-Lo conocí en un bar, yo estaba sentada en la barra y él entró. Lo estuve viendo como dos horas, ninguno de los dos accedía a establecer otro tipo de contacto hasta que, me levanté, fui hacia él y le dije: "Vámonos"
No hubo más palabras, tomó mi mano y caminamos por horas hasta que, después de tanta vuelta, llegamos a mi casa. Al entrar cogimos como locos y a la mañana siguiente, desperté y tenía el desayuno en mi cama.
...
Jamás lo había visto así... parecía como un niño, un niño que buscaba una mamá con la cual coger resarcir todo lo que perdió en su infancia.
-¿Lo quieres?
-¿Qué?
-Que si lo quieres.
-No sé, no sé lo que siento, pero me parece que lo extraño.
-Por qué no lo buscas.
-Porque ya no quiero estar encima de nadie, ni presionar a alguien, ni llevar el control de todo, si lo busco, sería la primera en romper el trato, trato que inventé yo, no me puedo permitir eso.
-Orgullo.
-Respeto.
-Soberbia.
-Es respeto, es eso, y ya.
-Yo lo buscaría...
-Tú eres una urgida.
-Pues tal vez, pero si yo tuviera a alguien que me quisiera así como ese wey me cuentas, te quería, lo buscaría.
-...
-Aunque, tal vez ya no te quiere, ya quedaste en el pasado, por eso no te ha buscado. Porque, piénsalo, no es lógico, si te quería tanto, si lo mandaste a la chingada porque según tu te asfixiaba su amor, pues igual y ya te olvidó.
-No, con todo y lo encimoso que puede llegar a ser, me respeta, así que respeta mis deseos.
-Yo creo que ya no te quiere, es más que ya anda con otra.
-Pues si es así, qué bueno, que le vaya bien.
-¿No tienes celos?
-No, porque los celos son inseguridad y son una mamada.
-Oye, ¿y tu amiga?
-¿Cuál?
-Pues yo solo te conozco una.
-No sé, no la he visto en dos semanas.
-Entonces, ¿ya no lo quieres?
-¿A quién?
-A tu ex.
-Te digo que no... ¿por qué tanta insistencia en el tema?
-Dime, nada más dime.
-No sé, te digo que lo único que siento es que lo extraño.
-Los vi...
-¿Eh?
-Vi a tu amiga con un wey, en la parada en que tiraste el celular, enfrente de mi chamba.
-¿Y?
-Y según esa fotografía, vi a tu amiga con tu wey, bueno, ex wey.
-¿Qué?
-Yo estaba esperando un coche, ¡no mames! la verga más chiquita que has visto en tu vida, pues ésta era menos que eso.
-¿Qué?
-Que la verga de mi cliente estaba bien chiquita...
-¡Eso no! ¿Los viste?
-Ah eso, sí, los vi.
-¿Qué estaban haciendo? ¿por qué estaban juntos?
-Estaban esperando un camión, él se veía triste, ella lo abrazó...
-¿Y él? ¿qué hizo él?
-La...
-La ¡qué!
-abrazó...
-¿Y luego?
-Luego ella se separó y le acarició la cara...
-¿Y luego?
-Luego...
-¡Dime!
-¿Estás celosa?
-¡Que me digas chinga!
-Se besaron.
-No puede ser.
-Sí puede ser, si pudo ser.
-No, no... tal vez estás confundida.
-Créeme que no, porque después del beso se volvieron a abrazar, ella se recargó en su pecho, su cara daba enterita al lado de la acera donde yo estaba, yo le hice "quiuvo" y ella hizo una cara, que pa qué te cuento.
-¡Pinche vieja hija de su re puta madre!
-¿Cómo te sientes?
-Que pregunta tan más pendeja, ¿cómo me siento? ¡De la chingada! ¡así me siento!
-Lo siento.
-¿Cuándo fue eso?
-Hace una semana.
-¿Por qué no me habías dicho?
-Porque pensé que ya no te importaba, desde que terminaron solo has hablado de lo bien que te sientes de ya no estar con él, hasta hoy.
-Pero era algo importante, tuviste que haberme dicho.
-Pensé que ya no lo querías, que ya no te importaba.
-¡Eso no importa! Importa que esa puta decía ser mi amiga y nada más esperaba el momento en que terminara al otro pendejo para ir de puta a cogérselo.
-Eso ni yo lo hago amiga.
-¿Amiga?
-Lo somos, ¿o no?
-No lo creo, si hubieras sido mi amiga en ese mismo momento me hubieras mandado un mensaje para que yo llegara y les partiera su puta madre a los dos.
-No vale la pena.
-¡Cómo chingados no!
-Bueno, ¿eso quieres? ¿partirle la madre?
-Sí, eso quiero, eso es lo único que quiero ahorita.
-Pues yo te apoyo.
-¿Segura?
-Sí, no tengo nada que perder, además si no te ayudo, tú me la partes a mi y no me puedo dar el lujo de cargarme unos madrazos y perder clientela.
-Gracias.
-No he hecho nada todavía.
-Gracias por decirme.
-¿Aunque fuera hasta ahora?
-Eso aún no te lo perdono, pero sí, agradezco que me hayas dicho.
-Entonces, ¿qué hacemos?
-Vamos a su casa, de seguro ahí van a estar.
-Ya es noche.
-¿No tienes un amigo taxista?
-No... ah pero tengo una amiga que va conmigo a las reuniones de apoyo para la empode... sepa la madre qué, con tal que ella anda con un taxista, ¿le marco?
-Ya te tardaste.
-Bueno.
-¡Puta madre! pero es domingo, ¿crees que trabaje?
-Sí, ese wey trabaja sobre todo los domingos.
-Dale la dirección y dile que es a lado de una tienda.
-¿Cómo sigue la doña?
-Mal, ya está pelona.
-Uy pobre doña.
-Ni pedo así es la vida.
-...
Llega en quince minutos.
-¿Qué voy a hacer?
-Partirle la madre.
-Nunca me he peleado.
-Yo sí, mira, si ya te está ganando yo me meto, pero tú tienes que empezar.
-...
-Un consejo, nada de jaladas de greñas y arañazos, putazo limpio.
-¿Puño cerrado?
-Así.
-¡No mames! tranquila.
-Oh es tu clase, no llores, verás que con unos madrazos se te quita.
-Eso espero.

8